sábado, 1 de julio de 2017

París. Dani Martín

 
 Quiero amanecer
una mañana de diciembre en París,
darme la vuelta y que me digas tú que sí,
que ya no hay nada más.
  Y ahora seguir caminando hacia
adelante voy
para amanecer
una mañana de noviembre en mi Madrid,
que pase un año y ver si seguimos aquí,
si aún queremos más,
que hay mil cosas que se ponen por
delante hoy.

  Y queremos siempre rosas
y Venecia, Verona y París.
Y la vida es otra cosa,
la verdad, la mentira y un sí.
Y tenemos mariposas
y gusanos sin seda y al fín,
hay serpientes venenosas
y un disfraz que se rompe al vivir.

  Quiero amanecer
sin tus abrazos, sin tu vientre, sin París,
que siempre muere lo que vimos
construir.
   Prefiero soledad,
que me acompaña desde siempre cerca
y hasta hoy.
  Quiero amanecer
sin tus encantos, sin tus ganas de reír,
sin tus virtudes que en defectos
convertí,
maldita realidad,
que lo bonito dura un rato
y se vuelve a ir.

  Y queremos siempre rosas
y Venecia, Verona y París.
Y la vida es otra cosa,
la verdad, la mentira y un sí.
  Y tenemos mariposas
y gusanos sin seda y al fín,
hay serpientes venenosas
y un disfraz que se rompe al vivir.
Y queremos siempre rosas
y Venecia, Verona y París,
y la vida es otra cosa,
la verdad, la mentira y un sí.

domingo, 11 de junio de 2017

Una luz para mis sombras

   Necesitaba un poco de aliento. Cuando la realidad te atrapa de tal manera que ya no queda espacio para la fantasía. Cuando la imaginación ya no existe y el espejo es cruel. Cuando no quieres hablar con nadie y odias hasta el aire que respiras. Cuando vuelves a estar insegura de todo...
   Entonces aparece esa luz lejana, que te abraza y que te quiere, que te hace humedecer los ojos, que te recuerda que existes, y todo es más leve.
   Y como aquella espiral que gira y no para, vuelvo hacia atràs porque el futuro ya es presente y delante no queda nada.

martes, 4 de abril de 2017

Nada es igual


   Sín ánimo ni fuerzas ni nada. Con los ojos hinchados me asomo a la ventana. Todo sigue igual, la gente camina presurosa como si nada sucediera, la vida sigue su curso y nadie se percata de mi existencia, ni ve  ese cristal empañado por el vaho que exhalo... a nadie importa mi dolor. Los niños juegan en el parque mientras sus madres charlan de cosas triviales. Siempre la misma mierda, una vez más... yo y mi rabia. Y la vida sigue.
   Y yo me quedo estancada en un ayer donde crecían personas a mi lado, personas que, una a una, han ido desapareciendo, me las arrebató la vida, o la muerte, no sé bien.
   Ahora no hay consuelo, ni lo habrá porque nadie sustituye a nadie, por algo somos únicos e irrepetibles. Solo queda el cobijo de un abrazo, sentir que alguien aún me quiere aunque afuera todo siga igual... soltar la rabia y amarrarme a esos brazos, dormir en posición fetal, volver por unos instantes al seno materno, a la seguridad que solo sabe dar una madre y compartir el dolor en silencio.

   Perdona si me metí en tu piel... y en tu alma.